Cualquier
decisión implica elegir, y elegir significa
automáticamente descartar el resto de posibilidades
que se nos plantean en un momento dado. Se
trata de un principio de exclusión (o lo uno
o lo otro). No así en la Clase A. Quien la
elige no ha de renunciar a nada, ya que concilia
aspectos considerados incompatibles: razón
y emotividad, estética y funcionalidad, amplitud
y dimensiones compactas. Además, a partir
de ahora está disponible como coupé o berlina.
Resumiendo, la Clase
A es el automóvil que uno elige con el corazón.
Porque en nuestros tiempos es lo más sensato.
Antes era habitual fijarse una meta. Hoy lo
que verdaderamente importa no es alcanzar
esa meta, sino la forma de hacerlo. Por eso,
en la Clase A prima ante todo el placer. Todo
lo que necesita para disfrutar al máximo de
la conducción se encuentra a bordo.